Cuidado de datos


                Una contraseña o clave es una forma de identificación que utiliza información secreta para controlar el acceso hacia algún recurso. La contraseña debe mantenerse en secreto ante aquellos a quien no se le permite el acceso. A aquellos que desean acceder a la información se les solicita una clave; si conocen o no conocen la contraseña, se concede o se niega el acceso a la información según sea el caso.
                Para crear una contraseña segura es, por regla general, un suplicio. Tiene que tener números, letras mayúsculas, minúsculas, símbolos y, además, hay que recordarla. Porque la regla de oro al crear una contraseña es simple: tiene que ser única. Aquí van varios métodos que puedes utilizar para hacerlo, y además recordarlas sin esfuerzo.
                Para compartir información es necesario distinguir primero entre contenido personal y profesional. En cuanto a los datos e información de carácter personal, nos referimos a aquellos contenidos que se comparten en las redes sociales. En este contexto familiar, está claro que no publicas todos los detalles de tu vida para que los vea todo el mundo. Para aquellos que quieren compartir gran cantidad de datos fácilmente y de manera confidencial tanto en casa como sólo con unas cuantas personas, una solución NAS de almacenamiento de acceso de red o un servidor de archivo en red les permite hacerlo sin una suscripción específica, excepto a través de Internet, claro, que veremos en otro post.
Para los profesionales, sin embargo, la cosa se complica bastante. Es imprescindible pensar no sólo en el tipo de datos y el software que lo gestiona, sino también los derechos de acceso, la ubicación y el tipo de terminal. Además, hay que considerar el nivel de seguridad empleado en transferir datos, el ancho de banda requerida según el tipo de archivo, el número de usuarios y su ubicación. Básicamente, los profesionales tienen que saber cuáles son las infraestructuras globales informáticas, de red y telecomunicaciones que van a utilizar.
Fíjate en quienes pueden acceder a tu información. Las redes sociales tienen filtros de privacidad donde puedes indicar si quieres que la información sea pública en Internet, sólo para amigos, para grupos o círculos determinados o incluso con personas en específico.
En realidad, todos tenemos la necesidad de compartir información con otros, pero tenemos que pensar en qué condiciones lo hacemos.



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